Volver sin quedarte: el sueño que cerró un ciclo

Hay lugares a los que una mujer vuelve… no con el cuerpo, sino con el alma.
A veces, basta un sueño —o una sensación inesperada— para encontrarte recorriendo pasillos del pasado.
No para quedarte.
Sino para ver cuánto has cambiado.

Es posible que, en algún momento, hayas soñado (o sentido) que volvías al lugar donde fuiste parte durante años.
Un espacio donde entregaste tu energía, tu salud, tu ilusión.
Un lugar que te exigió tanto, que tuviste que irte para sobrevivir.
Y sin embargo… vuelves. Pero distinta.

Vuelves sin rencor.
Vuelves sin miedo.
Vuelves sin pedir nada.
Y en ese instante te das cuenta de algo inmenso:
Ya no necesitas justicia externa. Solo necesitabas escucharte.

Quizá reconoces la nostalgia.
Te duele ver lo que quedó de lo que fue: la estructura vacía, las relaciones apagadas, el alma del lugar disuelta.
Y también, con ternura, ves que tú te has reconstruido.

A veces, en esos regresos simbólicos, aparece la imagen de quien un día tuvo poder sobre ti: un jefe, una figura de autoridad, una persona a la que no pudiste decirle todo lo que guardabas.
Y entonces sucede la alquimia:
Ya no buscas que te entiendan.
Solo expresas desde la verdad.
Desde ese lugar nuevo que has creado dentro de ti.


Este tipo de sueños, sensaciones o memorias no llegan porque sí.
Aparecen cuando una parte de ti está lista para soltar la carga que aún quedaba.
No para olvidar. Sino para mirar con ojos nuevos y soltar desde la conciencia.
Porque cuando te rompes, pero eliges volverte a crear…
🌿 ya nada ni nadie puede robarte tu voz.


Pregunta de autoobservación

¿Qué lugar de tu historia está esperando ser mirado con la mujer que eres hoy?


Propuesta para ti

Cierra los ojos. Visualiza un lugar que formó parte de tu historia.
Obsérvate entrar allí con la conciencia que hoy tienes.
Imagina decir —en voz o en silencio—:
“Ya no necesito repetir esto. Ya puedo soltarlo.”
Y observa cómo te sientes al salir por la puerta.


Hay experiencias que se quedan pegadas al cuerpo como si fueran tuyas.
Pero no lo son. Solo fueron parte del camino.

Y ahora, puedes elegir otra forma de caminar:
Con la verdad en el centro.
Con la voz despierta.
Con la conciencia de que tú ya no vives allí.

Hoy, habitas un lugar más grande: tu verdad.

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