Soltar el pasado, volver al presente

Un viaje de regreso al único lugar donde puedes volver a empezar

Vivimos en una sociedad que nos arrastra continuamente entre lo que fue y lo que podría ser.
Nos despertamos revisando lo que ocurrió ayer.
Vivimos preocupadas por lo que quizás pase mañana.
Y en medio de ese torbellino… se nos escapa lo único real: el ahora.

Pero, ¿cuál es el precio de estar ausentes de nuestra propia vida?

El peso invisible del ayer

Aferrarse al pasado es como intentar avanzar cargando una maleta que ya no te pertenece.
Quizás alguna vez te hayas sentido así: atrapada reviviendo escenas que duelen, conversaciones que no cierran, versiones tuyas que ya no existen.

Ese anclaje invisible tiene consecuencias reales:

  • Tristeza o apatía persistente, como si nada en el presente tuviera suficiente luz.
  • Ansiedad anticipatoria, por miedo a repetir lo que dolió.
  • Desconexión con los demás, porque seguimos relacionándonos desde heridas que no hemos perdonado.
  • Pérdida de vitalidad, porque la energía se agota en sobrevivir en lugar de vivir.
  • Sensación de vacío, incluso cuando todo parece estar en orden por fuera.

Y lo más paradójico: vivir en el pasado no cambia el pasado, pero sí deforma tu presente.

El aquí y el ahora: el único lugar donde todo puede empezar a cambiar

Volver al presente no es solo una frase bonita.
Es una práctica poderosa.
Un acto valiente.
Y un regalo que te puedes hacer cada día.

Cuando estás en presencia, sin buscar explicaciones, sin exigir respuestas inmediatas, algo dentro de ti se acomoda.

  • Sientes más claridad mental.
  • Disminuye la ansiedad y aparece una paz sin motivo.
  • Empiezas a escuchar con atención y a sentirte escuchada.
  • Recuperas el asombro por lo sencillo.
  • Vuelves a sentirte viva sin tener que hacer nada extraordinario.

Cómo volver al presente cuando el pasado aún duele

Aquí no hay recetas mágicas, pero sí caminos que pueden abrirte nuevas formas de mirar y habitar lo que estás viviendo:

🔹 Respiración consciente
Es lo más simple y, a la vez, lo más olvidado.
Una respiración lenta y profunda puede devolverte al cuerpo y recordarte que estás aquí. Que estás viva. Y que este instante está a salvo.

🔹 Observar sin juicio
En lugar de luchar contra lo que piensas o sientes, detente y observa.
Date permiso para mirar lo que hay sin corregirlo, sin taparlo, sin rechazarlo.

🔹 Agradecer lo pequeño
Cada día guarda algo digno de agradecer, incluso si ha sido difícil.
Una palabra amable, un rayo de sol, un momento de calma.
Nombrarlo, escribirlo o simplemente sentirlo… cambia tu vibración.

🔹 Habitar el cuerpo
Cuando estamos en la mente, el cuerpo se tensa.
Mueve, sacude, camina, baila, abraza.
El cuerpo es tu ancla y también tu guía.

🔹 Soltar el papel de víctima
No para negar lo que te pasó, sino para recuperar el poder de elegir cómo lo vives ahora.
Tu historia puede doler, pero no te define.

Una mirada simbólica:

Soltar no es olvidar. Es dejar de cargar.
A veces el pasado es como una piedra en la mano.
Nos cuesta soltarla porque creemos que al hacerlo estamos renunciando a lo vivido, o a quien fuimos.

Pero soltar no es tirar la piedra al vacío.
Es dejarla suavemente en el suelo…
Y decidir caminar más ligera.

Si hoy necesitas un inicio, empieza aquí:

✔️ Respira tres veces con conciencia.
✔️ Mira a tu alrededor y nombra 3 cosas que te conecten con este momento.
✔️ Cierra los ojos y di:
“No necesito entenderlo todo para permitirme vivir el presente. Aquí, ahora, respiro. Y eso basta.”

Con amor incondicional,
Lidia Otero Ortiz
«No viniste a ser perfecta. Viniste a ser tú.»

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